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lunes, 27 de julio de 2009

Río Negro 09

El grupo de expedición en pleno, antes de partir (izq. a der.): Lucho, Rodrigo, Guadalupe, Ramiro, Juanro y Rosario. Asesinos de la desidia, enemigos del olvido, antítesis de la letanía, amantes de la distancia, protectores de las cosas bellas y buenas, seguidores de las causas justas y nobles. ¡Allá vamos por los 30 kilómetros de desierto!


Cruzando el puente Paso Córdova.


Amanecer sobre el Río Negro.


Felices escenas. Apenas salimos el humor estaba por las nubes.





Primeros tramos felices. Rumbo al mangrullo.


Mangrullo réplica al que, por supuesto, me trepé. Rosario me siguió, temblorosa. ¡Y es que parece firme pero las maderitas crujen!


Algunas tomas en un acantilado altísimo a la vera del río. ¡Precioso mirador!





Guada, telúrica, en lo alto del mirador.


Guada y Ramiro trepando la cuesta.


Comiendo manzanas rionegrinas.


Las chicas del grupo.


¡Rey de la Patagonia!


El grupo completo descansando en las Cuevas de los Caballos Salvajes. Mate, galletitas. El ánimo estaba todavía en modo "arriba".


Rodri en encrucijada del camino.


Yo, señalando: Es para allá!


Ramiro baila de felicidad en el desierto.


No sé de qué nos reimos, con todo lo que falta caminar. ¿Signos de demencia?


Caminantes del desierto.


Rodrigo, Lucho, Ramiro y Rosario, en un mirador panorámico, descansando de la larga marcha.


La parejita del grupo de expedicionarios, Rosario y Juanro, posando con el majestuoso río de fondo.


Pausa para el mate. El fogón sirvió para calentar el agua en la botella de plástico (¡gran idea de Rosario!) y para animar el espíritu.





Analizando el territorio como baqueanos expertos.


Cruce del ascenso a la meseta, creíamos que era el final del camino, y estábamos tan lejos. Los Valles del Demonio Arraken son un lugar infernal, donde se pierde la cabeza en alucinaciones de locura y visiones dementes de horrores irreales.





Ramiro, Juanro y Rosario, en una pausa en plenos Valles del Demonio Arraken. Sopla el viento de la locura, la demencia y el cansancio.


Rosario medita sobre la distancia, en un alto en el camino.


Tras escapar de la locura y la demencia en los Valles del Demonio Arraken, buscando la condenada pasarela en el río, allá a lo lejos.


El sol se acuesta en su cuna de florcitas de jarilla. La pasarela aún no aparece y el ánimo del grupo cae casi en la desesperación. La imagen es bella, pero en ese momento todos queríamos retener los últimos rayos de luz, como si quisiéramos retener arena fina entre las manos, o peor aún, tiempo entre los recovecos del alma cada vez más añosa... Se va la luz, como se va el tiempo, como se va la vida.


Noche cerrada. La pasarela no existe!!! Horror!! Horror!! Sólo hay tres caños de gas y/o petróleo cruzando la vasta corriente del poderoso Río Negro. Es de noche, hace frío, y sopla un viento digno de la Patagonia. Los viajeros no pueden cruzar, y se resignan a sufrir una noche eternamente larga en la oscuridad del desierto, sin alimentos ni cigarrillos.


Y justo cuando las esperanzas se iban, lentamente, en la oscuridad de la noche patagónica, apareció este salvador: Richard Colombo, peón de un puesto en la margen sur del río, que nos invitó a dormir a su rancho, abrigados por una salamandra y en camas, con mates y pan casero para acompañar la velada. Nos mostró sus trabajos en maderas (cucharones, tablas para picadas, posabotellas, etc...) y hasta un gato montés embalsamado por él mismo. ¡Salve, San Richard, benefactor de los viajeros desamparados, alimento de barrigas hambrientas!


Dentro del rancho, con el calor de una salamandra, mates y pan casero, todo era felicidad en estado puro. Sobre todo ante la perspectiva de pasar la noche a la intemperie.


Bueno, casi...



Al amanecer, despedida del grupo completo junto a Richard Colombo, antes de partir en la canoa.



Parte posterior del puesto que nos salvó la vida. Lindo rancho a la vera del río.


La cabra regalona, con varios impedimentos físicos, vino a despedirse de nosotros al puerto "San Richard". Adiós, cabrita coja y sin cuernos! Que tus noches en el sillón sigan siendo cómodas y cálidas!



Alistando la nave para zarpar.



Zarpando! Suelten amarras!



Luciano, Rodrigo y Guadalupe navegan con Richard en dirección a la civilización.



Richard cruza en canoa de regreso a la margen sur.



San Richard, el salvador, cruzando en la canoa a Rosario, Ramiro y Juanro.

6 comentarios:

  1. Así es como se construyen las leyendas, perdón: Las Leyendas. ¡Salve, oh, Cruzadores de la Estepa Indómita! ¡Regocijad vuestros corazones con la perspectiva de la próxima caminata, que sería por suaves, mullidas y templadas arenas Atlánticas!

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  2. Ah, con los pies descalzos en la arenilla, besados por las olas suaves del Atlántico sur... lo imagino y sólo con eso me descanso.

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  3. Muy bueno Lucho. Casi me dan ganas de haber estado ahí! :P

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  4. Hola Luciano, soy una amiga de Rosario, quiero felicitarlos por esta travesìa, yo vivo en el viejo mundo y extraño muchisimo mi tierra, su folcklore, sus colores..., asi que gracias a estas maravillosas fotos, pude deleitar mis ojos y vivir de algun modo, este viaje.
    Viviana

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  5. Interesante travesía, sin duda.

    Muy lindos el relato y las fotos.

    Te dejo mi blog: jazlima.wordpress.com

    Besos!

    jazmin

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  6. Muy bueno che¡¡¡
    Me encnata lo que Hacen
    Hace unos años atravezamos cmainando la meseta de Somuncura durante 18 dias con tres amigos más... caminar es lo más¡¡¡
    Los invito a visitar mi Blog...
    Gustavo... compañero de Nacho en las salidas fotográficas...

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